
Quiero pasar un fin de semana entero durmiendo con alguien en la misma cama.
Dormir de verdad.
Cerrar los ojos y dejar de abrazar mi almohada para acurrucarme en algo que respira, palpita y se mueve.
Sin temblar. Sin los nervios. Sin desvelarme. Sin que nadie se quede con los ojos abiertos mirando la noche de paredes blancas.
Despertarnos tarde. Y puede que tomar cafe en la cama. Como cuando se esta enfermo y la promesa de las sabanas nos parece mas tentadora.
Pasar simplemente el sabado y el domingo en pijama, como si fueran nuestras mejores galas.
Tal vez podriamos compartir la misma manta, ateridos frente a la pantalla. Buscar el abrazo, la risa complice y el hueco del pecho donde acurrucarse cuando las pesadillas que producen las peliculas.
Jugar a las cartas. Al monopoli. Al parchis. Jugar a quienes no somos como si todavia fueramos dos niños y no necesitaramos mas que las palabras para crear mundos efimeros que desapareceran cuando nos pongamos nuevamente los zapatos para cruzar sobre el rio de lava que fue durante unos minutos mi alfombra.
O hacer realidad todos esos cuentos de hadas que se quedan en el tintero. Darse los besos que nunca llegan antes de los finales tristes.
Simplemente sin pensar en nada mas que en este momento.
Ni en el pasado que ha quedado almacenado en las estanterias ni el futuro que nos esperara cuando giremos en la proxima esquina.
Tan solo el presente que tu y yo construiriamos.
.....
Pero de repente me doy cuenta de que estoy solo y que nada mas me queda mi almohada, la noche en vela asolada de tristeza, el despertar del amanecer para preparar un cafe, mi enorme manta con la que cubrirme, los solitarios de cartas, las pesadillas y el futuro que muerde y destroza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario